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Laura Buitrago #RecomiendaAlaECAM películas antinavideñas

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La Navidad supone dos semanas de luces, dulces y emociones que unos ansían mientras que otros temen al nivel de un indeseable sarpullido. Y es que, aunque a alguno pueda parecerle extraño, frente al aluvión de buenas vibraciones que teóricamente acompaña a estas fechas, hay quienes ven en Santa Claus un ser perverso más que un anciano bonachón y prefieren que estos días pasen rápido.

Para estos últimos, evitar la temida programación rosa y navideña que tiende a apoderarse de los itinerarios televisivos y las plataformas streaming puede ser todo un reto. Pero nada más lejos de la realidad, porque dentro del séptimo arte existen numerosas opciones que sabrán agradar a los más desencantados, es más, hoy mismo se puede encontrar en cartelera Ana y el apocalipsis (2018), una divertida propuesta en la que el director británico John McPhail, mediante la unión de dos de los subgéneros más populares en los últimos años –el cine de zombis y el adolescente– con la comedia y el musical, consigue dar vida a una película inspirada en el cortometraje Zombie musical (Ryan McHenry, Reino Unido, 2011) donde la Navidad no será ningún camino de rosas para los habitantes del tranquilo Little Heaven a causa de una horda de muertos vivientes.

Desde aquí, sin abandonar este sendero y dejando paso al slasher que en los 70 y 80 dejó personajes como Leatherface o Freddy Krueger, también se puede encontrar un Santa Claus fuera de la norma en Noche de paz, noche de muerte (1984), uno de los títulos más míticos para los amantes del terror navideño donde Billy (Robert Brian Wilson), un joven que queda trastornado tras ver con sus propios ojos como un hombre disfrazado de Papá Noel asesina a sus padres, decide asumir él mismo el papel de quien originó su trauma. Asimismo Bob Clarks, director de Porky’s (Canadá, 1981), ya dejó años antes otro largometraje “antinavideño” similar: Black Christmas (1974), donde un psicópata del que se conoce poco más que su voz decide hacer de un 24 de diciembre cualquiera la peor noche de las vidas de unas jóvenes chicas de fraternidad.

Sendas películas cumplen con todos los tópicos del “cine de cuchilladas”, con sus asesinos perturbados y chicas que gritan y corren hacia el peligro en vez de huir de él. Sin embargo, pese a no ofrecer algo verdaderamente distinto al género, ambas son buenas opciones a contemplar para aquellos que buscan algo diferente. Aunque este subgénero no es el único con representaciones ideales para contrarrestar los clichés de la Pascua, porque a la hora de hablar de ejemplos capaces de ofrecer otra visión, hay que hacer mención a Stanley Kubrick y El Resplandor (1980), la cuidada adaptación que el neoyorquino hace de la novela homónima de Stephen King y a través de la cual conducirá al espectador hasta la profundidad de un alejado hotel de montaña para que, una vez en él, acompañe a un enloquecido Jack Nicholson en su caída hacia la locura.

En este punto, si hay un largometraje que ahora menos que nunca puede quedar en el olvido es Gremlins (1984), el clásico de Joe Dante donde el adorable regalo de Navidad que un inventor consigue para su hijo en una tienda algo peculiar termina degenerando en un multitudinario ejército de seres tan detestables como simpáticos, quienes convertirán en un tormento la calma de la ficticia localidad de Kingston Falls. Sin duda, una mezcla de humor negro, adolescentes que asumen el papel de héroes y la magnífica banda sonora de Jerry Goldsmith que no puede faltar en la videoteca de ningún hogar.

Cabe decir que todo lo anterior es solo una pequeña selección de lo que el género del horror, en sus distintas vertientes, puede ofrecer al espectador “antinavideño” más exigente. Sin embargo, aunque parece evidente que el miedo es la opción más contraria al espíritu de las fechas venideras, si se dejan a un lado la sangre y las vísceras y se pone el foco en el humor también es posible encontrar joyas merecedoras de atención.

Muestra de ello es La vida de Brian (1979), el famoso largometraje en el que los humoristas de Monty Python, a través del capítulo de la pasión de Cristo, realizan una crítica en clave de parodia tanto de los dogmas del cristianismo y su fanatismo como de la idiosincrasia que rodea a la política actual. Todo mediante la figura de Brian, el idealista hijo bastardo de un soldado romano y una feminista judía al que confunden con la mismísima figura de Jesucristo, con todo lo que ello conlleva. Además, en esta línea también se puede emplazar El día de la bestia (1995), de Álex de la Iglesia, una comedia apocalíptica donde un sacerdote vasco, interpretado por Álex Ángulo, tratará de impedir el nacimiento del anticristo, del que está convencido que nacerá el mismísimo 25 de diciembre.

 

Por último, nada mejor que terminar este paseo cinematográfico en el género de la acción y Jungla de cristal (1988), el largometraje donde Bruce Willis se pone en la piel del famoso John McClane, policía que se ve inmerso en una Ilíada contra la organización antiterrorista dirigida por Hans Gruber –un fallecido Alan Rickman que demuestra saber interpretar a un retorcido alemán siendo un galán inglés– cuando su única pretensión era la de acudir a la fiesta de Navidad en la que se encuentra su ex mujer para recuperarla. De nuevo con una novela como base, –Nada es para siempre (1979)–, este thriller dirigido por John McTiernan consigue transmitir al espectador la tensión que vive su protagonista durante una intensa noche en la que tendrá que hacer uso de su inteligencia para acabar con el grupo criminal, sin salir de un único escenario: el Nakatomi Plaza, su particular “jungla de cristal”.

En definitiva, cada uno de los títulos anteriores supone un ejemplo de que, lejos de los estereotipados largometrajes navideños donde todo acaba bien y el espíritu de la Navidad rezuma por bandera, la historia del cine también contempla alternativas. Incluso El diario de Bridget Jones (Reino Unido, 2001), aunque de una forma más “light” que las anteriores, es una buena forma de entender que no todo el mundo vive las cenas familiares de la misma forma. Por tanto, una cosa queda clara: guste o no, esta Navidad no habrá excusa para no disfrutar de una buena sesión de cine. Eso sí, ¡que nadie se vaya a dormir sin mirar antes debajo de la cama!

 

 

Laura Buitrago, es una ciudarrealeña afincada en Madrid, periodista, cinéfila y alumna del Máster de Crítica Cinematográfica de la ECAM y Caimán Cuadernos de cine. Tiene experiencia como redactora en medios locales y su máxima ambición es llegar, algún día, a poder compaginar sus dos pasiones, el periodismo y el cine.

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