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La película sorpresa de #ElMesDe Andrea Arnold es…¡Drugstore Cowboy!
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Marzo es el mes de Andrea Arnold en la ECAM, Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid. Si la semana pasada pudimos ver American Honey (2016) en pantalla grande, esta semana proyectaremos una obra de un director que es una referencia confesa de Andrea Arnold. La película sorpresa de este mes es…Drugstore Cowboy (1989), el segundo largometraje de Gus Van Sant y con el que el director empezó a forjarse la etiqueta de promesa del cine indie en los 90.

Drugstore Cowboy tiene más de un punto en común con American Honey. En ambas películas, una pandilla de jóvenes se dedican a recorrer EEUU viviendo de estafas. Ambas cintas huyen de la moralina y se acercan en ocasiones a la comedia. En American Honey la sátira está en la disección que la directora inglesa hace sobre la américa profunda de la era Trump. En Drugstore Cowboy, la historia de drogas y atracos perfila las bases de ese humor negro que más tarde se pondría de moda con el éxito de Reservoir Dogs (1992). Ambas se enmarcan en el género de road-movies con jóvenes delincuentes. Pero si American Honey podría relacionarse con obras de Larry Clark o Harmony Korine como Al final del edén (1998) o Spring Breakers (2012),  Drugstore Cowboy parece beber de películas setenteras como Easy Rider (1969), Malas tierras (1971) o Carretera asfaltada en dos direcciones (1971). Títulos de culto para toda una generación de cineastas, que como Richard Linklater, empezaron a ver cine en los 70.

Ambientada en esa década y basada en la novela homónima y autobiográfica de James Fogle, Drugstore Cowboy cuenta las aventuras de Bob, el líder de una banda de yonkis que se dedican a viajar y atracar las farmacias de EEUU. Aquí Gus Van Sant recupera la estética de western de su ópera prima, Mala noche (1985), y en la que reincidiría en posteriores películas como Mi idaho privado (1991) o Ellas también se deprimen (1993). También tiene ese aire arty de las road-movies de los 70, especialmente en las ensoñaciones narcóticas del protagonista. Pero principalmente, se trata de una película marcada por el hedonismo y la juventud de su autor, que posteriormente iría profundizando en su discurso sobre el nihilismo del adolescente americano medio. Una obra imprescindible para conocer los primeros pasos de un director tan impredecible, transgresor e independiente como Gus Van Sant. Si quieres ver Drugstore Cowboy en pantalla grande, la proyectamos el próximo martes 20 de marzo a las 15.30h en el salón de actos de la ECAM.

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